La historia se repite, Julián. Dios siempre ha querido llevarse a los buenos y no acierto, como tu madre, a saber por qué. En circunstancias muy parecidas a las tuyas se me fue Angel Barroso, técnico y compañero de Antena 3 Radio, que fue víctima de un accidente en pleno Giro de Italia. Después partió, igualmente de madrugada, José Luis Fuster, otro pedazo de pan bendito. Hace pocos días tuve que llorar la muerte, un infarto dentro de un taxi cuando regresaba a su casa desde la radio, de otro viejo y entrañable colega: Ernesto López Feito.
Ahora, tú. Amabas el deporte y aprendiste a amar la radio. Y no es por dorarte la píldora porque se lo dije a tu hermano: eras de lo mejorcito que pulula por estas emisoras de nuestros pecados donde le dan un micrófono a cualquiera. Tu no eras cualquiera. Por eso te lo dí. Ibas para número 1.
Los tertulianos con quienes comíamos el pasado 16 de junio -Ricard Pla, José Maria Lafuente, Busi, Ramón Perpiñá, Jordi Morey, Carlos Barrachina, Fernando Gilet, y Borrás del Barrio y Toni Cazorla- y a los que recordabas cada semana su cita ineludible, no podían imaginar que sería la última vez que te veían. Están, como yo y todos tus compañeros, consternados. Hemos sido incapaces de abrir el micrófono sin ti.
¿Por qué, repito, siempre se van los buenos?. Supongo que Dios necesitaba allá arriba a alguien que le cuente la verdad en este mundo del fútbol tan lleno de mentiras. Y eligió al más sincero, aunque fuera del Atlético de Madrid. Nos has dejado hechos polvo pero nos consuela la seguridad de que, desde tu nueva privilegiada posición, velarás por nosotros y nos ayudarás a ser mejores.
Hasta siempre, compañero, periodista, amigo, hermano, hijo.